Me quedaré sentada en el mismo rincón y lloraré la misma sangre.
Los juegos de adultos no son para niños y las tijeras pueden sacarte ojos.
Dentro de la complejidad de mi mente intento averiguar cómo llegamos a esto.
Dónde pasamos la línea de lo efímero, lo sagrado y lo desastroso. Quizá nunca lo sepa.
Quizá ahogue todo intento de saberlo en cianuro…
Quizá deje de ser importante después de su muerte.
Su muerte.
Entonces, luego de tantas lunas esperando un pacto justo,
(Que mi alma sabe jamás recibirá)
Por segunda vez el cielo se pinta de rojo melodramático
Y se me entumecen las manos.
Y preguntas si eres el amor de mi vida.
Tu sagrada Virgen siempre será tu guía
Aunque invoques a la diabla en las noches.
Es la regla, pesada e irrefutable:
Desear vivir la santidad pero con los placeres carnales.
Sí, la gravedad de tu egoísmo te hace querer alimentarte de estas entrañas
Sin pensar en mis lágrimas y el dolor que me causa tu mirada.
Me deseas. Me necesitas.
Poseer la piel y los gemidos hasta extasiarte
Hasta colmar tus sentidos con el olor y los fluidos…
Es tu naturaleza. Parte de tu verdad.
De tu crueldad.
Pero todos tenemos un límite.
Incluso las marionetas pueden hartarse de que tiren sus hilos.
Y en medio del cielo maldito, esta tierra vuelve a engendrar demonios.
Vuelve a pensar en ángeles mientras se tiñe de vergüenza.
Recuerdo tu tacto y los susurros mezclándose en la rutina de la desnudez.
Pienso en los latidos descontrolados dentro de mí al entregarte un sentimiento.
Repaso la textura ya memorizada de tu espalda… y me atravieso el vientre.
El rio se llevará la desgracia.
Una vez las estrellas entiendan las razones
Regresaré y beberé de sus aguas.
Verteré el resto de mi vida
Y partiré en la fatalidad de una noche en Solsticio de Juno.

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